Politica


Claudia López será candidata presidencial en el 2018

El 2016 fue para la politóloga Claudia López un año sumamente movido, en el que pasó de ser una más de los 102 senadores de la República a una figura ampliamente conocida en medio de la política nacional. Por esto, no sorprende que el próximo paso sea ver a Claudia López candidata a la Presidencia en las elecciones de mayo de 2018.

La misma senadora López, confirmó sus aspiraciones presidenciales y aseguró que la Alianza Verde ya conoce su aspiración. “Dije dentro del partido que tengo la aspiración de ser candidata por los verdes. Vamos a tener candidato propio, pero hay que ver quién más aparece. Yo ya soy precandidata a la presidencia”.

 Según López, algunos partidos van a girar alrededor del proceso de paz con las Farc, pero su campaña no. “Unos van a buscar poner el acelerador o el freno al proceso. Otros vamos a estar por fuera. No hemos hecho toda esta vuelta para que las elecciones sigan girando alrededor del acuerdo de paz. Siguiente punto, ¡next!”.

El eje de la campaña presidencial de la senadora López, en lugar de la paz, será la lucha contra la corrupción. “Nosotros estamos comprometidos con la paz, por supuesto, pero lo que realmente va a frenar la paz no es que quede elegido Alejandro Ordóñez, sino que este mar de corrupción y politiquería siga gobernando este país. ¿Quién va a hacer las carreteras, a construir las escuelas, o a incorporar a los campesinos del país, si todo se lo roban? El CVY es brutal”, dijo.

El objetivo de su campaña no será el electorado del país, sino el 80% de los colombianos que según las encuestas no se encuentra representado en el partido, y que en la actualidad se encuentra expresando únicamente su indignación en redes sociales. Entre otros, también se contará a más de un millón de ciudadanos que, según los cálculos de López, llegará a las urnas desde las zonas afectadas por el conflicto armado.


El poder LGBTI en Colombia

Gina Parody con Cecilia Álvarez y Angélica Lozano con Claudia López

El país, que históricamente había sido del Sagrado Corazón, es hoy un ejemplo de progresismo e igualdad de derechos. Cuatro de las mujeres más importantes del país han contribuido a esta nueva realidad.

Hace un par de semanas atrás,  sorprendió la entrevista de María Isabel Rueda en el periódico El Tiempo. Era un diálogo entre la periodista con la ministra de Educación, Gina Parody, y la exministra Cecilia Álvarez, en la cual por primera vez hablaron abiertamente de su relación. La coyuntura era la masacre en la discoteca gay de Orlando que llevó a que ellas recibieran trinos homofóbicos. La sinceridad de la entrevista la volvió el tema del día y fue muy bien recibida por lo lectores.

Gina y Cecilia no fueron la única pareja gay que fue objeto de agresiones homofóbicas virtuales. También las sufrieron Claudia López y Angélica Lozano. Ambas aprovecharon la oportunidad en contra de la discriminación para manifestar públicamente su amor. Debajo de una foto de las dos sonrientes aparecía la frase “Vamos a vencer el odio con amor”.

Fuera de las redes sociales, que tienen algo de alcantarilla, la reacción de los colombianos fue mayoritariamente a favor de esos gestos valientes. Más que crítica hubo admiración. Así como ellas habían mantenido sus relaciones personales en el ámbito privado hasta hace poco tiempo, igualmente el respeto de quienes tenían conocimiento de esa situación no lo sacaban a flote oficialmente. Una vez ellas la hicieron pública, el reconocimiento se volvió colectivo.

Para ser Colombia el país del Sagrado Corazón, de talante conservador y puritano, llama mucho la atención la naturalidad y la altura con las que todo el mundo recibió el tema. Queda claro que Colombia ha dejado atrás tabús obsoletos que discriminaban a las minorías y es hoy una nación más progresista y abierta.

Una particularidad de Colombia es que las personas que se han convertido en la cara de esa causa son todas muy importantes. Dos, Gina y Cecilia, han sido ministras. Y tres de ellas, Claudia, Angélica y Gina, han sido congresistas. Y lo que no pasa inadvertido no es tanto que hayan ocupado esos cargos, sino que las cuatro son personajes políticos muy importantes en el país.

Dada la complejidad de su cargo en la cartera de Educación, Gina Parody no es en este momento la ministra más popular para la opinión pública. Sin embargo, no hay duda de que es una de las funcionarias más competentes que ha pasado por ese cargo, y que el balance de su gestión, con programas como Ser Pilo Paga, es muy positivo. Pocos recuerdan que como senadora obtuvo 85.195 votos en 2006, una de las votaciones más altas del país.

Cecilia Álvarez ha sido durante el gobierno de Juan Manuel Santos ministra de Transporte, de Comercio y consejera presidencial para el sector privado. En los tres cargos dejó la impresión de liderazgo efectivo, una gran capacidad de conformar equipo y un excepcional carisma costeño. Antes de eso fue una de las figuras claves del Grupo Santo Domingo con cargos como la vicepresidencia de la contraloría de Bavaria y su participación en la junta directiva de la cervecería del grupo.

Claudia López es la más visible pero también la más controvertida. Acaba de anunciar que no se va a postular nuevamente al Congreso y que con Antonio Navarro va a liderar una alianza del Partido Verde con el partido Compromiso Ciudadano de Sergio Fajardo. Hasta ahora lo único que se ha pactado es el lanzamiento de una lista unificada para Senado y Cámara de representantes. Pero lo que ha despertado expectativa en la opinión pública es la proyección de esa alianza en las elecciones presidenciales de 2018.

Muchos han interpretado unas declaraciones de la senadora en El Tiempo como la posibilidad de que sea ella la candidata de Fajardo a la vicepresidencia. Eso por ahora no es así. Tanto López como Fajardo y Navarro piensan tener una consulta interna en la cual el ganador será el candidato y los otros lo apoyarán. Lo que es seguro, independientemente de quién quede de número uno, dos o tres, es que una troika de Sergio Fajardo, Claudia López y Antonio Navarro presentará una opción política distinta, renovadora y muy atractiva cuando empiece el debate electoral en serio. Esos tres nombres sumados pueden despertar algo parecido a la ola verde que produjo la candidatura de Antanas Mockus hace unos años. Y si el candidato del Partido Liberal llega a ser Humberto de la Calle, ellos desearían que los rojos se sumaran a esa consulta para tener una coalición aún más fuerte.

La apuesta de Claudia López de no volver a presentarse al Congreso es grande. Porque es muy probable que si lo hiciera podría obtener la votación más alta del país. Su permanente presencia en la televisión y en las redes sociales, combinada con su actitud frentera e irreverente, le han dado una ventaja que desearían sus colegas del Parlamento.

Su irreverencia, sin embargo, despierta también algo de recelo porque con frecuencia se le va la mano. A Álvaro Uribe lo llamó “sanguijuela de alcantarilla”. Al presidente Santos ha llegado a tildarlo de “ladrón y corrupto”. Hace algunas semanas generó indignación entre sus compañeros de la Comisión Primera porque los acusó de “robarse el sueldo”. Su carácter quedó en evidencia el jueves pasado cuando, ante la euforia del anuncio del cese al fuego bilateral, se paró intempestivamente del set del canal RCN, a donde había sido invitada como panelista. López criticó la línea editorial del canal por su posición radical contra el proceso de paz y sorprendió a los televidentes al defenderlo con la misma vehemencia con que había insultado al presidente pocas semanas antes.

Angélica Lozano es menos visible que las otras tres, pero no menos influyente. En la Cámara hay muy pocas personas de sus quilates, y aunque este órgano tiene menos jerarquía que el Senado, a la hora de tomar decisiones tiene el mismo peso. Como es un cuerpo colegiado más individualista, más caótico y menos disciplinado, una persona con el carácter y la respetabilidad de Lozano se vuelve el elemento decisorio en los grandes debates. Ella tiene el mérito de haber sido la primera política que declaró abiertamente su bisexualidad cuando era candidata y con las banderas de la comunidad LGBTI llegó al Congreso. Pero además de los temas de esa comunidad, ha jugado un papel clave en asuntos trascendentales como el equilibrio de poderes, la Comisión de Aforados, el Código de Policía y causas populares como la prima para las empleadas del servicio doméstico.

Aunque es una coincidencia que cuatro de las mujeres más importantes del país hayan hecho pública su orientación sexual, esta decisión no explica por qué hoy el país las respeta y vive pendiente de ellas. Todas han llegado a donde están a punta de trabajo, esfuerzo y resultados. En todo caso, con la dinámica que han adquirido sus carreras, es seguro que por lo menos una de ellas pronto figurará en el abanico de aspirantes a la Presidencia de la República.


A trabajar en un nuevo acuerdo de Paz

BOG109. BOGOTÁ (COLOMBIA), 23/06/2016.- Cientos de personas se reúnen para celebrar el acuerdo firmado en La Habana del cese el fuego y dejación de armas entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC hoy, 23 de junio de 2016, en Bogotá (Colombia). EFE/LEONARDO MUÑOZ

El ex ministro de justicia quien fue llamado por el Presidente Santos desde el dia de la derrota del Plebiscito, para apoyar la renegociación con las Farc le concedió está entrevista al diario El Pais de España. Yesid Reyes explica en que va la consolidación del nuevo Acuerdo de paz que debe recoger propuestas del No a partir del filtro que realizó el gobierno de los 500 puntos presentados por las distintas fuerzas que se exprezaron en la negativa al Plebiscito.El Pais: ¿En qué momento están las nuevas negociaciones?

Yesid Reyes:. Las conversaciones están muy avanzadas. Hubo un trabajo previo en Colombia que fueron reuniones con los partidarios del no. Se recopilaron 300 propuestas, se organizaron en 57 ejes temáticos y hemos discutido esas reformas en La Habana. Ha habido muchos avances en la mayoría de los temas. Eso no quiere decir que no haya momentos duros. Pero el ambiente es bueno. Estamos relativamente cerca de un nuevo acuerdo.

 P. ¿Cuál fue la primera reacción de las FARC al recibir esas propuestas?

R. Su ánimo era muy abierto. Hay un consenso entre la delegación de la guerrilla y la del Gobierno para tratar cualquier reforma que no suponga afectar la estructura del acuerdo. Tiene unos pilares fundamentales que costó mucho edificar y si se quisieran tocar la negociación volvería tres, cuatro o cinco años atrás. Es lo que el presidente Santos ha calificado como propuestas inviables. Pero salvo temas que afectaran esa estructura, la guerrilla se ha mostrado abierta a modificaciones en todos los temas. Sin limitaciones. Todos los temas se han tocado.

El pacto tiene cambios sustanciales. Está muy cerca

P. ¿Las modificaciones del no afectan a esos pilares básicos?

R. Hay algunas propuestas que sí tienen que ver con los pilares, que son las que resultan mucho más difíciles de negociar. Eso no quiere que las propuestas que se aceptan no sean propuestas de fondo. El nuevo acuerdo no será un acuerdo de maquillaje. Tiene cambios sustanciales y temas nuevos. Va a ser un buen acuerdo y se va a conseguir en muy poco tiempo. Haber perdido el plebiscito permite introducir modificaciones que hacen que el acuerdo sea muy robusto, más completo y con menos dudas para los partidarios del no.

P. ¿Qué porcentaje de este nuevo acuerdo va a tener de propuestas del no?

R. No se han cerrado temas todavía. Las probabilidades de avanzar en las propuestas del no son muy grandes. La gran mayoría son viables y han tenido una buena acogida. Van a ser incorporadas en el nuevo acuerdo.

P. ¿Las propuestas específicas de Uribe han sido más difíciles de negociar?

R. Hay de todo. Hay temas que han generado mucha controversia como si la totalidad de los acuerdos van a ser llevados a la Constitución o no. Ese tema le preocupa muchísimo al presidente Uribe. Ha habido muchos avances en La Habana para garantizar que a la Constitución vayan exclusivamente los temas que deben tener ese rango y sacar algunos otros que no tiene sentido llevar. Otro tema en el que hay propuestas consolidadas del no es la reparación de las víctimas. En el acuerdo anterior había una manifestación general de la guerrilla en el sentido de que se ocuparía de la reparación material de las víctimas. Los partidarios del no piden una precisión mucho más clara del compromiso de las FARC. Ese es un tema de fondo. Tiene buena acogida.

La refrendación puede pasar por los cabildos municipales o por el Congreso

P. ¿Y las penas de cárcel?

R. Va a haber cambios ahí. Este diseño de justicia transicional está montado sobre una flexibilización y graduación de las penas, orientada a privilegiar la aceptación de responsabilidades por parte de los involucrados en el conflicto frente a los que niegan su responsabilidad. Mientras que los que acepten van a recibir una sanción que tiene un componente retributivo, es decir, van a tener que dedicar la mayor parte del tiempo de la sanción en reparar a las víctimas, los que se nieguen van a tener penas de hasta 20 años de permanencia en prisión. Los primeros van a tener también una cierta restricción de libertad, como dice el acuerdo original. En estas conversaciones se ha visto que hay una apertura para concretarse lo que debe entenderse como restricción efectiva de la libertad. La guerrilla se abre a eso, sin que eso signifique romper un acuerdo fundamental, el de no ir a la cárcel como consecuencia de la suscripción de los acuerdos.

P. ¿Cómo se refrendará el nuevo acuerdo?

R. La Corte Constitucional fue muy clara. Si el plebiscito se perdía, la única obligación del presidente Santos era no implementar los acuerdos, pero no le impedía buscar un nuevo pacto. Una vez renegociado el acuerdo, el presidente tiene discrecionalidad absoluta para decidir si no somete a refrendación popular el acuerdo, que es una opción viable y legal, o someterlo. En este nuevo caso, la discrecionalidad también es muy amplia. Puede recurrir a cualquier mecanismo que considere apropiado. Se ha barajado una amplia gama, desde la repetición del plebiscito en las mismas condiciones, a recurrir a los cabildos abiertos en los municipios, o un acto de refrendación en el Congreso. El presidente lo decidirá teniendo en cuenta los consensos entre los diferentes partidos políticos. Creo que Uribe quedará satisfecho con lo que llama un gran pacto nacional.

P. Santos remarcó que el acuerdo debían aprobarlo los colombianos. ¿No cree que cualquier otro mecanismo que no sea el plebiscito puede interpretarse como un temor a una nueva derrota?

R. No. El presidente entiende que la refrendación es políticamente muy importante para consolidar los acuerdos y garantizar su cumplimiento con otros futuros gobiernos. Siempre se buscará un mecanismo que suponga una representación de la voluntad popular.

P. ¿El mecanismo que mejor representa la voluntad no es el plebiscito?

R. Bueno, la figura de los cabildos abiertos se ha usado poco pero supone la representación de los colombianos, solo que reunidos a través de consejos municipales.

P. ¿En qué se falló para que triunfara el no?

Sorprende favorablemente la actitud abierta de Uribe

R. Hubo de todo un poco. La interpretación de algunos puntos del acuerdo fue muy hábilmente utilizada por los partidarios del no para lanzar mensajes negativos que impactaron en la población. Eso hizo triunfar el no con temores infundados, como que las personas iban a perder las pensiones, o que la votación suponía de manera inminente que un miembro de las FARC llegara a la presidencia.

P. ¿Las FARC deben abrirse más a la sociedad?

R. Sí. Si en el futuro quieren tener alguna participación en política, deben explicar sus planes.

P. ¿Qué le ha sorprendido más del Centro Democrático?

R. Ha hecho un buen trabajo de disección de los acuerdos. Fueron muy metódicos, con propuestas respecto a casi todos los temas. Sorprendió favorablemente la actitud abierta del presidente Uribe y todo el Centro Democrático. Fueron reuniones muy cordiales en las que hubo larguísimas discusiones.

P. ¿No se podían haber hecho antes?

R. Hubo algunas reuniones en materia de justicia. Puede que no con la intensidad de ahora.

P. ¿La implementación de los acuerdos queda marcada por la carrera presidencial de 2018?

R. Todo este proceso ha estado permeado por intereses de cara a la presidencia de 2018. Habrá mucha discusión en el Congreso, que tiene un amplia margen de maniobra para emitir las leyes. La implementación no debería ser tan compleja porque hay unas directrices generales.

P. ¿Cómo puede afectar la victoria de Trump?

R. No creo que afecte al proceso de paz ni que haya un cambio dramático. Las relaciones con EEUU han sido sólidas.